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Palena, en la Cordillera Patagónica

Se cuenta que fue el jesuita Nicolás Mascardi, en una de sus múltiples travesías durante el siglo XVII, quien, en honor a su tierra en Italia, llamó Palena a esta zona enclavada en la Patagonia cordillerana. En 1929, fue reconocida como Distrito Palena, dándole luego su nombre a la Provincia. El centro administrativo de la comuna se conoce como Alto Palena y está rodeado por las localidades rurales de Valle California, Río Encuentro, El Tigre, El Azul, El Tranquilo, El Malito, El Diablo, El Porfiado y Puerto Ramírez, donde muchos se dedican al ganado y la agricultura. Esta comuna fronteriza, es reconocida por sus condiciones ideales para la pesca recreativa, sus imponentes montañas y valles, la Reserva Nacional Lago Palena, y por su apacible vida rural.

Relato Histórico

Palena, es una comuna atravesada por ríos que separan o que unen, según a quién se le pregunte. Fue reconocida, en 1929, como Distrito de Palena, dando su nombre a la Provincia. La componen las localidades de Valle California, Río Encuentro, El Tigre, El Azul, El Tranquilo, El Malito, El Diablo, El Porfiado y Puerto Ramírez. Aunque existe el pueblo de Alto Palena, centro administrativo de la comuna, muchos palenenses se dedican a la ganadería en las zonas rurales. Pero tanto los habitantes del pueblo como los de las localidades más remotas dicen que llevan una vida marcada por estar tan cerca de la frontera, lejos de los centros urbanos y del océano, junto con los vecinos argentinos con quienes comparten parte de su historia y sus tradiciones.

Durante la conquista española, varios exploradores avanzaron por los territorios en torno al Río Palena. Buscaban tierras donde asentarse, así como riquezas de una ciudad mítica, la Ciudad de Los Césares. Pero, por las inclemencias del clima y una geografía difícil, los valles como el California y las riberas como las del Río Encuentro estuvieron deshabitadas por siglos. Los exploradores eran guiados por los nativos tehuelches, que conocían el territorio pero que no lo habitaban de manera permanente, o que habían sido forzados a abandonarlos. Sin embargo, el bosque tupido y las corrientes torrentosas obligaban a los exploradores a regresar.

Al no poder encontrar la Ciudad de Los Césares, las exploraciones por el Río Palena disminuyeron y no volvieron a repuntar sino hasta mediados del siglo XIX, con la independencia de Chile y la anexión de Chiloé. Pero esta vez las intenciones serían otras: el Estado chileno y el Estado argentino buscaban reconocer el territorio y colonizarlo, disputándoselo por casi cien años.

De este lado de la cordillera la tarea sería de la Marina de Guerra, que organizó varias expediciones de reconocimiento por los distintos ríos de la Patagonia. Se recuerda el viaje de la corbeta Chacabuco, comandada por Enrique Simpson entre 1871 y 1874. Una flotilla de esta expedición subió por el Río Palena y llegó hasta el valle.

Es en 1893 que se realiza la exploración más importante del Río Palena, a cargo del profesor Hans Steffen. En ella, se descubrió un afluente del Palena antes desconocido. Steffen lo llamaría Encuentro, al haberse encontrado ahí con una comitiva de sus exploradores que venía desde Osorno. En las próximas décadas, el Río Encuentro sería el centro del problema limítrofe entre Chile y Argentina. En 1876, Argentina había promulgado una ley que permitía que pobladores chilenos ocuparan tierras patagónicas. Muchos chilenos salieron desde la actual Región de Los Ríos hacia tierras argentinas, intentando llegar hacia el sur y en el camino estuvieron por varios años residiendo

en el país vecino. Pero a comienzos del nuevo siglo el gobierno argentino, preocupado por la ocupación de zonas que consideraba suyas, se interesa por estas ricas tierras: la policía argentina persigue y expulsa a los colonos chilenos. Por su parte, el gobierno de Chile atrae a los colonos chilenos en Argentina ofreciéndoles predios en Chaitén, Futaleufú y Palena.

Aquellos tempranos colonos de los valles del Palena vivieron en torno al hito 16, instalado, por los ingleses, al norte del Río Palena, para resolver la disputa entre Chile y Argentina. Las primeras familias en llegar fueron los Casanova, los Balboa, los Sáez, los Carrillo y varias familias más como los Delgado, los Monje, Jaramillo, Retamal, los Ramírez, entre otros. Antonio Balboa, al ver el valle que se abría frente a ellos, lo bautiza con el nombre de California: le recordó el paisaje descrito en las historias del héroe literario “Juan Tresdedos”, en la California de América del Norte. La vida cotidiana que les tocaría vivir no sería muy distinta a la de los clásicos “western”.

Desde el principio, los nuevos habitantes desarrollan una verdadera cultura fronteriza: siendo chilenos venidos desde la Argentina, traían con ellos la tradición del campesino chileno empapada de la tradición gaucha; la “pialadura”, las señaladas, el truco, el juego de la “vistiada”, la música y el modo de vestir son algunos ejemplos. Sin embargo, los palenenses sienten también que están haciendo patria. Con las herramientas de cada tradición, y con su propio esfuerzo, lograron instalarse, hazaña que no había sido posible, a pesar de todas las exploraciones y colonias anteriores. Por esto, se dice que el verdadero poblamiento de la zona de Palena empieza alrededor de 1911.

La ganadería fue esencial durante aquellos años y lo sigue siendo hasta hoy, a pesar de que en ese entonces era un oficio más desafiante. Según don José Casanova Vilches, que llegó a la zona en 1916 a los siete años, compañado de su abuelo Valentín Casanova, en aquella época “sólo se podía caminar por la orilla del río. Había que andar a pura hacha para limpiar un poco y poder sembrar”.

Los palenenses construyeron sus casas con las lengas y los cipreses que botaron a pulso; cuando no era el hacha, el fuego los ayudó a abrir los espacios para el ganado. Vivieron de la papa, el trigo, las habas y la arveja, y se vestían con ropas de arpillera, hechas por ellos mismos.

Los primeros colonos se instalaron en la costa del Río Encuentro. Se vivía en aislamiento, en lo económico y también en lo administrativo. Por eso es tan recordada la figura de Don Eliodoro Díaz, uno de los primeros habitantes de estos valles. Don Eliodoro organizó la vida civil en el naciente pueblo de Alto Palena, y es por eso que, en 1928, el Intendente de Aysén, Coronel de Carabineros Luis Marchant González, lo designa como juez de distrito. Don Eliodoro tuvo que actuar como notario de todo Palena, registrando marcas, extendiendo certificados de nacimiento o defunciones y atestiguando contratos civiles.

Don Eliodoro fue pieza clave para que Palena fuera declarada como Distrito por el propio Luis Marchant, el 25 de febrero de 1929. Durante los años treinta la frontera se considera cerrada de manera definitiva, y los habitantes dejaron de depender de las autoridades argentinas. Sin embargo, los palenenses todavía cruzaban hacia el país vecino, buscando sustento, familia y trabajo, y los conflictos fronterizos seguirían su curso por tres décadas más. Fue en los años sesenta que ocurrieron los hechos que se conocen como la Alambrada de Palena”, y la comuna se convirtió, nuevamente, en el epicentro de las disputas entre Chile y Argentina. El gobierno argentino rodeó con alambres el territorio que consideraba como suyo, hasta que la Reina Isabel II, quien contaba con la autoridad como consecuencia del llamado a arbitraje internacional de 1896, dio un fallo que terminó con el conflicto por el valle California. El proceso tuvo mucha cobertura a nivel nacional, y la aislada comuna de Palena se hizo conocida. En 1966 llegó hasta el valle el presidente Don Eduardo Frei Montalva: tal era la relevancia del conflicto.

 

Producto de tal exposición, los estudiantes y profesores de las Escuelas de Palena y Valle California fueron invitados a conocer la gran capital y otras importantes ciudades del país, así como a grandes figuras políticas como don Jorge Alessandri Palma. Esta gira de estudios fue un hito en aquella época y todos quienes la recuerdan lo hacen con orgullo y cariño.

En los años setenta, Alto Palena ya contaba con escuela, servicio de salud y carabineros y, en emergencias, se podía llegar o salir por medio de la avioneta “El Caiquén”. Con el tiempo se irían abriendo los caminos que conectan los distintos sectores de la comuna, se construirían pasarelas y se habilitarían balseos para cruzar los ríos. En las últimas décadas, y como ocurrió en toda la Provincia, la llegada de la Carretera Austral trajo consigo mayor conectividad, y la posibilidad de iniciar una industria local de turismo.